En España, para que un tinto pueda ser etiquetado como “Crianza”, tiene que haber pasado un mínimo de seis meses en madera, y hasta dos años de crianza total entre barricas de roble y botella. La crianza mejora las cualidades del vino e incrementa su complejidad y singularidad. En un tinto con la categoría de Crianza es muy importante saber medir el protagonismo de la barrica para lograr una acertada conjunción de fruta y madera.